La madera laminada encolada de eucalipto se destaca en un proyecto multipremiado

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El proyecto “Moradias Infantis – Fundação Bradesco”, una hacienda escolar totalmente construida en madera en la región central de Brasil, fue recientemente elegida como “Edificio del año” en la categoría “Arquitectura Educacional” del prestigioso concurso de la publicación “ArchDaily Building of the Year 2018”. El galardón se suma a otros dos reconocimientos internacionales que ya había recibido este rediseño de un internado rural, que se ha convertido en la construcción en madera más grande de América Latina.

 

Desarrollado por los estudios de arquitectos brasileños Aleph Zero y Rosenbaum, el proyecto se emplaza en Formoso do Araguaia, en el estado de Tocantins. La propuesta fue repensar y rediseñar de modo participativo con la comunidad una escuela rural con más de 40 años de historia, que funciona como internado para más de 500 niños de entre 7 y 18 años.

La Fazenda Canuanã, tal el nombre con el que es conocido el establecimiento educativo que fue remodelado, propone un nuevo modelo escolar que hace confluir espacios de vivienda y aprendizaje, en medio de una estructura de cerca de 25.000 m2 levantada con madera, ladrillos y barro, todos materiales propios de las construcciones de la región.

Arquitectura en madera

Como se dijo, este proyecto es considerado en la actualidad como la construcción de madera más grande de América Latina: en total se usaron más de 1.000 metros cúbicos de madera reforestada de eucalipto. Toda la obra incluyó estructuras de madera laminada encolada, que fue seleccionada por los arquitectos por ser “ligera, acogedora, y de un bajo impacto ambiental”. A su vez, el mobiliario escolar y de los espacios comunes y habitaciones también se realizó en madera de eucalipto: “Reflejan el dilema de la privacidad en un universo comunitario, donde los problemas individuales son tan importantes como la integración con el colectivo”, explicó Marcelo Rosembaum, titular de uno de los estudios a cargo del proyecto.

Además de reacondicionar las instalaciones de la Fazenda Canuanã, la obra perseguía el objetivo de convertir un espacio de aprendizaje en un lugar que fuera valorado como un hogar. “Después de todo, es un espacio que juega múltiples roles: es una casa, es una familia, es un refugio, es un laboratorio, es un salón de clases”, destacó Rosembaum.

Para ello, parte del proceso de diseño del nuevo edificio incluyó la participación de la comunidad escolar con el objetivo de conectar a las personas y el espacio con sus raíces. Así, profesores, estudiantes y arquitectos fueron parte de actividades de investigación y co-creación. Los profesionales que intervinieron propusieron a todos los participantes la siguiente pregunta: “¿Qué hace que Canuanã sea mi hogar?”. De esta forma se pudieron establecer aspectos culturales, la importancia del entorno y los deseos de los miembros del colectivo educativo para que los aspectos de privacidad y comunidad estuvieran abordados y resueltos de manera óptima en la construcción.

La definición del estilo arquitectónico consideró que la Fazenda Canuanã es un lugar donde confluyen humedales en una amplia ecoregión de sabana tropical de Brasil, en la que no se da el encuentro ni el diálogo de culturas contemporáneas y ancestrales. Esto resultó fundamental para que el diseño alcanzara la premisa de ser acogedor, que conectara a las personas con la historia, sus valores locales y su identidad local. Vital para conseguir ese objetivo fue la utilización de métodos y materiales comunes de la región como ladrillos de adobe, madera, tejido de paja y dibujos gráficos indígenas. “La arquitectura propuesta no podía ser diferente de este contexto”, señaló el arquitecto Gustavo Utrabo, de Aleph Zero, el otro de los estudios involucrados en el proyecto.

La arquitectura se abocó especialmente a la organización de las viviendas en dos villas, una masculina y otra femenina. “Esta separación ya ocurría anteriormente y fue mantenida, pero en este nuevo momento las viviendas ya no se conformarán por grandes espacios dormitorios sino por 45 unidades de 6 alumnos cada una. Con este acto de reducción del número de alumnos por cuarto, pretendemos mejorar la calidad de vida de los niños, su individualidad y, por consecuencia, su desempeño académico”, comentó Utrabo.

Aspectos constructivos

“Uno de los mayores desafíos de nuestros proyectos es encontrar formatos que nos ayuden a reconquistar tradiciones, materiales y visiones contemporáneas. Es en este momento en que la tecnología aparece como puente entre los antepasados y lo actual y nos permite mirar hacia atrás y hacia adelante al mismo tiempo”, expresó el Arq. Rosembaum. Tanto su estudio, como su contraparte de Aleph Zero, escogieron para este proyecto la madera laminada encolada (MLE) de eucalipto porque les permitía la fabricación de piezas de grandes dimensiones provenientes de bosques plantados en áreas de recuperación. “Esta tecnología permite curvas, secciones variables y avances que aumentan mucho el campo de aplicación de madera en la construcción. Al mismo tiempo que se combina perfectamente con otras materias primas como los ladrillos de adobe, contraponiendo pasado y futuro en una propuesta única”, destacó Rosembaum.

La madera laminada encolada tuvo su elección justificada por la logística de la obra: la localidad de Canuanã, a pesar de ser accesible por autopista, está alejada de los centros de producción y comercialización de materiales. Así, atendiendo al universo de los prefabricados como opción constructiva fundamental, la alternativa adecuada resultó la madera laminada.

A partir de esta elección, en el desarrollo colectivo sobre la morada ideal resultó que “la gestualidad humana del diseño adoptó poéticamente los principios de la ingeniería de la madera, con la definición preliminar de una malla cuadrada estructural de 5,90 metros, proveniente de piezas de 12 metros provistas por Ita Construtora, de San Pablo. Es decir, frente a la vastedad del territorio, no se buscaban los grandes vanos de la madera, sino la repetición de los pilares – elementos verticales que definen lo construido y sus cualidades espaciales”, indicó el Arq. Utrabo.

También la plaza del complejo fue tema de las dinámicas de los arquitectos con los estudiantes, que definieron que bajo las grandes coberturas, apoyadas cada una de ellas sobre 288 pilares con sección de 15 centímetros, surgirían patios ajardinados y un atrio de acceso. La arquitectura asumió la configuración de un extenso pabellón abierto, constituido por la cobertura de un agua inclinada 5%, la densa malla de los pilares y la presencia de jardines cuadrados, con 25 metros de lado, rodeados por bloques independientes (30 x 9 metros). Los pabellones albergan los dormitorios (cinco cuartos por bloque, con puertas hacia el patio) en la planta baja. Sobre ellos, quedan las áreas de uso colectivo, interconectadas por pasarelas.

El uso de madera industrializada

Los mil metros cúbicos de madera laminada encolada de eucalipto utilizados en la obra, significaron cerca de cinco veces la media de producción mensual de Ita Constructora, la empresa seleccionada como proveedora del principal material constructivo del proyecto.

La firma fue creada a principios de los años 80 por el ingeniero Helio Olga para desarrollar y ejecutar estructuras de madera. En 2010 Ita dio un giro al abandonar las construcciones con madera maciza, adoptando el sistema MLE – Madera Laminada Encolada. “Entiendo que trabajar con madera maciza, aunque sea de reforestación, tiene sus días contados, porque hay una limitación infranqueable: el tamaño del árbol. Es muy difícil obtener piezas de gran tamaño con calidad “, subrayó Olga. Por ello, la empresa destaca que la MLE ofrece a los profesionales “la libertad formal que sería imposible de obtener con la madera sólida. Hoy, fabricamos vigas con hasta 21 metros de largo, que pueden ser rectas, curvas, con sección variable”.

En ese sentido, con el proyecto de los pabellones de Fazenda Canuanã, Olga vislumbró el potencial fabril que tendría para su empresa. Recuerda que la conceptualización de la madera de las viviendas llegó madura en su oficina, porque los arquitectos tenían claridad sobre vanos y dimensionamientos generales. “Tuvimos la rejilla estructural de 5,9 x 5,9 metros, con pilares cuadrados de 15 centímetros de sección. Parte de ellos vinculados a los forjados de concreto y el resto libre hasta la cubierta, con una altura de hasta 8 metros. En estos casos, los pilares recibieron un refuerzo parcial (en altura) de 3 x 15 centímetros de madera en las cuatro caras, formando una cruz para aumentar la inercia”, detalló Olga.

En cuanto a las complicaciones del clima, sobre todo en lo que se refiere a la alternancia de períodos rigurosos de sequía y lluviosos, el desafío se orientó al mantenimiento periódico de la capa de barniz que recubre la estructura.

A partir de este proyecto, la empresa sostiene que con el aumento de la producción el precio se volvería más competitivo y se podría abrir espacio para la adopción del paso tecnológico siguiente para la madera estructural: el CLT – Cross Laminated Timber, ideado para mayores vanos y solicitudes estructurales más complejas.

El proyecto “Moradias Infantis – Fundação Bradesco
Premios
  • Proyecto ganador del “4º Prêmio de Arquitetura Instituto Tomie Ohtake” (2017).
  • Proyecto ganador del “American Architecture Prize 2017 – Categoría Construcción Social”.
  • “Edificio del año” en la categoría “Arquitectura Educacional” del concurso “ArchDaily Building of the Year 2018”.

 

Proyecto y ejecución

Estudios Aleph Zero (San Pablo/Curitiba) + Rosenbaum (San Pablo)

 

Arquitectos a cargo

Adriana Benguela y Gustavo Utrabo

 

Design Team

Adriana Benguela, Gustavo Utrabo, Pedro Duschenes, Marcelo Rosenbaum

 

Empresa constructora

Ita Construtora

Fotos: gentileza de Leonardo Finotti, Diego Cagnato y Divulgaçao Ita Construtora